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15-05-19 · 0 comentarios

Semana del parto respetado: acerca del «mamita» y otras microviolencias obstétricas

En la Semana Mundial del Parto y Nacimiento Respetado, que este año se realiza del 13 al 19 de mayo bajo el lema «El poder de parir está en vos», es necesariorecordar nuestros derechos, entre ellos el de tener una atención digna al momento de dar a luz.

Un buen lugar para comenzar es desnaturalizar todo tipo de violencias. Poder reconocer esos pequeños y sutiles ejercicios de poder sobre las mujeres y sus cuerpos, que son moneda corriente en las mujeres embarazadas y que, en un momento de tanta vulnerabilidad, como es el del parto, se vuelven imposibles de manejar.

Tal vez no te lo preguntaste nunca, tal vez sí: ¿Está bien que nos «reten» si engordamos más de lo esperado en los meses de embarazo?, ¿o que nos digan cómo movernos al momento de parir? Y si gritamos, ¿tienen derecho a callarnos?

El reto indica jerarquía que, con real intención o no, nos haces sentir débiles, a veces locas, nos aniña y termina condicionando la capacidad que tenemos para atravesar un proceso de embarazo y parto de manera totalmente sana y natural.

Las micro violencias obstétricas están a la orden del día, aunque muchas (muchísimas) veces pasan desapercibidas, dejando así marcas que parecen invisibles pero que no lo son, y que determinan nuestro sentir durante todo el proceso de embarazo, parto y posparto.

Antes de seguir, también nos parece justo aclarar que no está bueno meter en una misma bolsa a todo el personal médico ni tampoco demonizar a las instituciones, pero sí se busca desnaturalizar aquellas pequeñas violencias que hasta hace no mucho tiempo atrás, optábamos por callar o, lo que es peor, ni siquiera reconocíamos.

Pequeñas violencias, grandes marcas

Entre las microviolencias más generalizadas está la de dar a las embarazadas un tratamiento de enfermas. Es común que, cuando se habla del embarazo en el ámbito médico, se mencionen los «síntomas» del embarazo o los «síntomas» del trabajo de parto, aun cuando se tratan de parámetros que están dentro de un proceso normal.

Decir síntoma es hablar de enfermedad, y no es un dato menor porque este énfasis permanente que en cada consulta obstétrica se repite, puede generar un verdadero sentimiento de enfermedadque nos lleva a perder la confianza en nuestro propio cuerpo, reforzando así la sensación de inseguridad para parir a nuestros hijos e hijas.

Parto respetado, nuestro derecho

Por otro lado, cuando pedimos tener un parto respetado (un derecho que resguarda la Ley nacional 25.929), muchas veces recibimos comentarios del tipo»¿estás segura de que te la vas a bancar sin anestesia?», «No entiendo por qué razón querés parir como una india», agregando a la descalificación un tono encima racista. No se trata de «bancársela» sola, ni se es precaria o inconsciente por el deseo de atravesar un proceso lo menos medicalizado posible. Es un derecho que muchas veces olvidamos ejercer, afianzando la creencia de que el saber y el poder está del lado exclusivamente médico y nunca de lado nuestro. Y no es casual, ya que existe una sistemática desvalorización por parte del equipo médico, y muchas veces de la sociedad en su conjunto, hacia nuestra capacidad física y emocional para atravesar el embarazo y el parto sin riesgos y de manera sana.

La despersonalización también es una forma sutil de violencia. Más allá de la intención real del equipo médico (que puede hasta no darse cuenta por ser la manera en la que suele proceder de manera automatizada) es necesario que seamos nosotras quienes elevemos la voz y pidamos ser tratadas por nuestro nombre, ya que no somos «mamita», ni somos un número. Somos mujeres adultas embarazadas con poder para parir.

Otra forma de violencia sutil es cuando quedamos invisibilizadas en el quirófano, ya sea por un parto natural o por cesárea, obligándonos a escuchar conversaciones por parte del personal médico que nada tienen que ver con nosotras, olvidándose de que también estamos presentes y de que sus palabras e inquietudes pueden afectarnos.

Opiniones que no suman

Ahora enumeremos algunas opiniones desafortunadas:

  • Una bastante habitual es la que se relaciona con el tamaño de la panza, «¡cuántos son, porque vas a reventar!».
  • «Este es el último, ¿no?», pregunta a una embarazada a punto de parir a su tercer o cuarto hijo.
  • «No grites que le hacés mal al bebé», cuando estás pujando en el trabajo de parto.
  • «Que bien te portaste», comentario que se recibe luego de parir, como premio por no haber gritado, haber sido obediente, estar correctamente depilada, en ayuno y con actitud pasiva.
  • «Pensá en tus otros hijos, ¿por qué no te planificás una cesárea para saber día y hora?, es habitual por parte del personal médico que cuestiona la elección por un parto natural, intentando generar sensación de culpa por no «pensar en sus otros hijos».
  • «Te vamos a dar un trapito, te lo vas a poner entre los dientes, y te vas a aguantar el dolor», expresaba Lorena con su testimonio en el sitio Las Casildas (agrupación integrada por diversos profesionales que se encarga de visibilizar la violencia obstétrica y cuestiones de género), del mismo modo que lo hacía Laura, informando que «luego de parir estuve una hora sola en un pasillo».
  • Otra microviolencia que es habitual,y en este caso tiene el foco puesto en quien acompaña a la mujer embarazada (padre del bebé, la madre no gestante, la madre de la embarazada, su doula o su amiga), es cuando se le hace la «alarmante» pregunta ¿»con seguridad querés entrar a quirófano, no vas a desmayar?», pregunta que obviamente tiende a desmotivar la decisión.

Sobre la atención inmediata postparto

Entre las actitudes que más atemorizan, es cuando se llevan al bebé o la beba sin aviso y sin dejar que el padre lo acompañe. Esto no siempre se realiza exclusivamente por la salud del bebe o la beba, sino que forma parte del protocolo médico de la generalidad de las instituciones.

Si bien, no quiere decir que desde la institución se tenga la exclusiva voluntad de hacernos sufrir, también es cierto que tienen la obligación de respetar nuestra voz. ¿De qué manera? Deben consultarte si se pueden llevar al bebe o la beba y dar la posibilidad a quien acompaña a la parturienta de ir junto al bebe y el personal sanitario. Otra que molesta mucho y que, nuevamente, nos hace sentir que «nosotras no sabemos» es cuando nos manosean los pechos y nos indican cómo y de qué forma tenemos que amamantar. No es lo mismo cuando se trata de una enfermera o puericultora que se acerca dispuesta a ayudar y a orientar de manera respetuosa, escuchando las necesidades de la díada.

¿Y si quiero parir en casa?

Por último, cuando evaluamos la posibilidad de tener un parto planificado en domicilio, ¿por qué nos asustan de antemano? Esa es otra forma de microviolencia, ya que inciden en nuestra decisión condicionándola con miedos e inseguridades. También en estos casos nos suelen tratar de negligentes, al cuestionar nuestro deseo y nuestra necesidad, sin siquiera, muchas veces, permitirnos informarnos de lo que implica un parto en nuestra casa, sus riesgos y sus beneficios.

Expertas consultadas: Adriana Spinedi, licenciada obstétrica especializada en partos planificados en domicilio con más de 25 años de experiencia en partos en instituciones públicas y privadas. Violeta Osorio, activista por los derechos del nacimiento, cofundadora de Las Casildas y miembro del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO).

Fuente: La Nación